JOSÉ MANUEL GALINDO
Ingeniero de Caminos y fotógrafo, desarrolla su trayectoria fotográfica desde hace más de treinta años, compaginándola con su profesión y entendiendo la fotografía como un contrapunto a su actividad como ingeniero.
Su trabajo se mueve principalmente en torno al paisaje y el territorio, la arquitectura y el retrato, aunque a lo largo de su trayectoria ha abordado también la fotografía documental y el reportaje social. En los últimos años ha centrado buena parte de su actividad en el desarrollo de proyectos fotográficos de larga duración y compagina su práctica fotográfica con la docencia.
En 2026, su proyecto Lignito fue finalista del Premio de Fotografía Fundación ENAIRE, un trabajo documental centrado en el final de la industria del carbón y sus huellas sobre el territorio y la memoria de las comunidades mineras de Teruel.
Trabajos
Trabajo documental sobre el final de la industria del carbón en las comarcas turolenses de Sierra de Arcos y Cuencas Mineras. Durante décadas, la explotación del lignito transformó profundamente el territorio y la vida de sus habitantes, convirtiéndose también, paradójicamente, en un espacio de libertad e integración durante los difíciles años de la posguerra.





El paisaje es también el resultado de nuestra presencia. Naturaleza, construcciones y espacios abandonados conviven en un territorio continuamente transformado. Estas imágenes recorren lugares alejados de lo monumental para detenerse en esos espacios intermedios donde lo natural y lo construido se encuentran, se superponen y, a veces, parecen disputarse el terreno.




La ciudad se construye a partir de capas, huellas y ausencias. Fachadas, medianeras, solares y edificios anónimos revelan el paso del tiempo y las sucesivas transformaciones del paisaje urbano. Una mirada a esos espacios cotidianos que habitualmente pasan desapercibidos, donde la arquitectura conserva las marcas de aquello que fue y de lo que todavía permanece.




Vestirse como otro es también una forma de mostrarse. En Alter Ego, personas anónimas adoptan la apariencia de sus personajes favoritos y se sitúan frente a la cámara desde una identidad elegida. El retrato se convierte así en un espacio de juego entre realidad y ficción, entre quien somos y quien, por un instante, decidimos ser.





